martes, 26 de noviembre de 2019

Recuerdos y restauración de esa historia sin nombre


Botín


La fuerte lluvia a poco pasadas las 10 me hizo salir de la carretera e ingresar a la posada Filo Antiguo. Un establecimiento de fama considerable. Estaba bien, planeaba ir allí de todos modos.



Dentro noté un ambiente muy favorable. Suficientes mesas disponibles como para sentarme cerca de alguien sin levantar sospechas, horas perfectas en donde es normal que la clientela no se encuentre con todos sus sentidos en perfecto estado a causa de las bebidas, y mi favorito, música. La música distrae y relaja, una persona distraída, ebria y relajada se vuelve un blanco fácil. Para mi fortuna había una bella violinista en el escenario cerca de la barra de cabello castaño, alta estatura y otros atributos que apostaría la vuelven el centro de atención en cualquier lugar. Me fascinaba como el sonido de la debilitada lluvia del exterior cedía ante la imponente y delicada melodía de las cuerdas del instrumento igual que un caballo blanco en medio de un rebaño de vacas.

En otras condiciones hubiera preferido un poco más de desafío, pero el hambre no deja indiferente a nadie. Tuve la tentación de escabullirme en la cocina y llevarme todo lo que pudiera cargar en mis manos y estómago, en parte por curiosidad por saber si podría lograrlo, pero me convencí que no era un buen plan. Me dejé caer en una mesa a escasos metros de un aparente grupo de viajeros. Entre ellos vi a una pareja de mercaderes... después del inspeccionar el local, vi un total de 4 objetivos, por lo que tracé mentalmente una ruta, repasé mi actuación, 3...2...1...Acción

Me dirigí hacia el grupo de viajeros, 7 en total, todos sentados en una mesa rectangular. Me saco del bolsillo un pedazo de papel arrugado mientras llego a su mesa.
-Disculpen ¿Podrían ustedes decirme donde está la posada El Gallo Amarillo?- dije con lágrimas asomándose en mis ojos mientras desdoblada el papel para revelar un mapa de Blesith -Estoy de viaje con mis padres, llegamos a esa posada y salí para ver el lugar y... me perdí.
-Pobre chico -dijo con lástima la mercader en una de las esquinas de la mesa al tiempo que dejaba su comida para asomarse en el mapa a escasos centímetros por encima de la mesa. Suficiente espacio como para que una mano pase por debajo sin ser advertida -Qué pena, chico. Nosotros tampoco somos de por aquí. No sabemos donde queda esa posada. -Claro que no la conocen, la inventé -Pero puedes quedarte con nosotros esta noche mientras pasa la tormenta.
-No puedo quedarme, mis padres han de estar muy preocupados. Se los agradezco, seguiré preguntando.
-Suerte, muchacho -dijo con el sujeto a su lado mientras hacía una seña con la mano. Respondí con una leve cabezada. Me volteo y meto en mi bolsillo derecho de mi pantalón, mi botín de 2 pequeños monederos agradablemente pesados.

Velozmente me dirigo hacia la barra donde interrumpo a un señor de avanzada edad muy bien vestido en lo que parecía un intenso duelo con un tarro de cerveza ¿Cuanto tiempo llevaría tomando? 
-Disculpe, señor.¿Podría usted decirme el camino hacia la posada El Gallo Amarillo?- No me esforcé tanto esta vez por su claro estado de ebriedad 
-Mira, niiño. No se de qué mierda me estáj hablando. ¿Por qué not... te largas? -Me retiré sin decir nada, después de todo, ya tenía lo que necesitaba de él. Me molestaba un poco llegar tan tarde, de haber llegado antes y de seguro su lujoso monedero vinotinto estaría gratificantemente más pesado. Pero no le doy importancia.

Me aproximé a mi último objetivo, un sujeto cabello corto y oscuro , pero no era negro, sino un azul muy oscurecido, como el cielo cuando ya podrías asegurar que ha caído la noche. Mantuvo su mirada en mí desde que estuve a unos 6 metros de distancia, después de todo, él ocupada una mesa en una esquina, era imposible no verme llegar. Decido aplicar mi mejor actuación. Llevo mi mano al bolsillo para retirar mi mapa
-Di...disculpe, señor ¿Sabe usted donde queda la posada El Gallo Amarillo?
-Aguarda... -dijo mientras tenía la boca llena de estofado -Claro.
-¿Como dijo?
-Claro- repitió -Hablas del establecimiento cerca de la oficina del sheriff ¿No es así? 
-Sí...
-Bien, observa- se volvió hacia el mapa durante unos segundos. Yo miraba  y me preguntaba qué podría estar buscando... unos segundos después levantó su mano derecha y señaló una zona de Alchimiónica, un barrio al noreste de Blesith -Presta atención- dijo mientras me levantaba su mirada para asegurarse de que lo estaba escuchando -Aquí es el lugar donde debes ir ¿lo ves?
-Lo veo, señor.
-Bien, ahora. Falta todavía para que amaine el tiempo ¿Por qué no coges aquella silla y te sientas? 
-Vale- Busqué una silla de la mesa próxima y me senté frente a él
-Escucha, se lo que haces. Conozco este pueblo de cabo a rabo, incluyendo sus 14 posadas. Así que, qué tal si nos ahorramos la palabrería. Dime ¿Cuanto has robado en el rato que llevas aquí?- Al terminar, se llevó una copa de jugo de uva a la boca.
Mis pensamientos iban y venían demasiado rápido como para detenerme a pensar en algo ingenioso que decir. Pasaron por lo menos 5 segundos cuando pude balbucear.
-Eh... 3, 3 monederos.
-Has sido honesto, bien hecho.
-¿Como sabe que no miento? ¿Como sabe lo que he hecho?
-Pues viéndote, claro. La respuesta más sencilla tiende a ser la correcta. -Se llevó un bocado a la boca y mientras masticaba, continuó -¿Qué edad tienes, muchacho?
-Tengo 15
-Ya veo... Reúnete conmigo dentro de 2 días en el lugar que te señalé en Alchimiónica. -Se levantó y prosiguió -Ya se ha calmado el clima. Yo siendo tú, me iría antes de que las personas empiecen a preguntarse por sus pertenencias. Ah, y no robes hasta entonces. Allí tienes suficiente dinero como para no morirte de hambre.

Desapareció por el umbral de la entrada, aunque todavía se escuchaba la lluvia desde afuera. Empecé a rehacer todo lo que había sucedido. Pero tenía razón, tenía que ponerme en movimiento pronto. Me pongo de pie y camino hacia la salida mientras noto como la presencia de la música del fondo se apaga señalando el final de una canción. Me preguntaba muchas cosas, sin embargo, se equivocaba en algo, definitivamente no iba a pasar hambre en un tiempo con lo que acababa de obtener. Rebusco en mi bolsillo para sacar los 2 monederos sencillos y aquel elegante más liv... Saqué mi mano. Solo tenía 5 monedas de plata.